La utopía del sueño

Quiero irme a domir.

 

Tumbarme en la cama

y caer en un profundo trance

hasta renacer al punto

de no poder conseguir más fuerzas,

que la cama me expulse cansada

de una relación de amor

y no de odio.

 

Quisiera irme a dormir

sin rabia por los sueños no cumplidos,

con la esperanza de un mañana

menos complicado,

más retador.

 

Quiero dormir

y descansar.

No levantarme con la impotencia

del hermano caído,

del camarada despedido sin opción,

acribillado a bocajarro

por la ira de un patrón corrupto y resignado,

expulsado sin indemnización,

y ellos impunes y sin remordimientos.

 

Quisiera poder dormir,

soñar con un mañana mejor.

Que los niños vuelvan a jugar a los parques,

libres y felices,

alocados,

desenganchados de la tecnología,

del miedo, de la sobreprotección familiar.

 

Me voy a dormir

y no tengo ilusión.

Mañana volverán a caer las bombas

sobre los más necesitados.

Volverán a cargar sobre su espalda

con la miseria y el dolor

y la caspa rancia

de los peluquines que gobiernan el mundo.

 

Me voy a dormir,

me levantaré con la noticia

de otra violación.

Tú te preocuparás de que ella

vestía como quería

volvía tarde y por donde quería,

y eso, es ir “provocando”.

 

Se reabrirá el debate:

más seguridad, o más libertad.

Cuando la seguridad es vigilancia,

control y sumisión;

y vuestra libertad oprime a los demás,

se convierte en un sinsentido,

en puro individualismo

y no un derecho coral.

 

Entre libertad y seguridad

yo elijo educación.

 

Me voy a domir,

porque los sueños siempre han tenido

ese poso intrínseco de desobediencia,

de los designios ingobernables de las ideas propias,

y eso siempre nos seduce y atrapa.

 

Me voy a dormir.

Quizá debiera hibernar,

dejar que todo fluya,

que todo cambie.

Aunque el futuro

se vislumbra

como la misma mierda

con distinto esmalte.

 

Me voy a dormir,

abandono,

seré uno más del rebaño

que tiende al precipicio.

Os dejo con vuestra triste distopía.

 

Me voy lejos.

Donde ellos jamás llegarán:

al valle de los pensamientos puros,

a las playas de la imaginación,

a las inexpugnables selvas vírgenes de la colaboración,

a las islas paradisíacas del compañerismo

a las cumbres inmponentes de la libertad.

 

Me voy a dormir.

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